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El Tipo de Fortaleza que Heredamos

Sobre mujeres, memoria colectiva y el trabajo de pertenecer


Era a comienzos de la primavera, una de esas tardes en que el aire está fresco y la tierra empieza a ablandarse. Estaba sentada en una conferencia de negocios escuchando historias de tenacidad y éxito de mujeres latinas. La sala respiraba logro. Mientras cada mujer hablaba, sentía sus palabras resonar en mi vientre. Sus victorias sonaban como las mías. Su resistencia hacía eco en la mía. Reíamos. Adminitimos muchas cosas. Y a todo eslo, lo llamábamos fortaleza.


No me es ajeno encarnar “a la fuerte” en mi círculo cercano — la que guarda las lágrimas para después y en soledad, la que resuelve, a veces a costa de su propio bienestar. Re-plantarme en nuevos entornos afinó ese rol. Aprendí a ajustarme, a anticipar, a moverme por territorios desconocidos sin pedir indicaciones.

La fortaleza que nace de la supervivencia no siempre sabe cómo sostener la pertenencia. 

En esa sala de conferencia, escuchando el éxito medido en resistencia, comencé a notar la diferencia. La supervivencia nos había afilado. Nos había mantenido en movimiento. Pero pertenecer exige algo más sereno y sutil — una presencia que no vive en alerta constante.


Lo he visto al acompañar a muchas en peregrinaje. Hay un momento en que la caminante comprende que ya no intenta huir de sí misma. Ha caminado durante horas, a veces por terrenos duros y climas desconocidos. En ese ritmo constante del andar, algo se aquieta. Cuando entiende lo que carga, puede empezar a soltar lo que pesa demasiado y caminar un poco más liviana. Y a veces eso significa caminar con las mujeres que vinieron antes, camina con ellas en el corazón y en la mente, en su sentipensante. Camina con las que fueron obligadas al silencio y con las que sacrificaron sus sueños para que ella pudiera nombrar los suyos.

Cada linaje carga su propia versión del silencio.
Cada familia transmite sus propias instrucciones sobre la como encarnar la fortaleza.

Hasta ese momento, no había notado que mi poesía hacía algo similar. Se convirtió en un suelo donde podía expresarme sin encogerme. Cuando escribí el poema que comparto aquí, pensé que era un acto de rebeldía. Pero en realidad, estaba dando voz a historias que vivían en mí mucho antes de poder nombrarlas. Caminaba mi propio peregrinaje, y caminaba con muchas mujeres en mi sentipensante.


Lo que siguió en la vida de ese poema fue un reconocimiento merecido. Empecé a ver que la fortaleza moldeada por el espectro completo de mi experiencia podía tomar otra forma. No tenía que mantener la guardia alta por seguridad. Podía parecerme a una manta — firme, cálida, desgarrada en algunos lugares, pero capaz de sostener todo lo que este cerca sin problema.


He visto cómo, después de recuperar la autonomía emocional, puede surgir la tentación de demostrar fortaleza y valentía dominando espacios o conversaciones. Pero la vida y los roles se mueven en ciclos, y la autoridad que olvida eso se vuelve frágil. Como dijo una vez un Anciano: “Lo que no se reconcilia en una generación regresa en otra estación.”

Desde esa enseñanza, comprendí cómo la Naturaleza ofrece un ejemplo más silencioso.


Después de un invierno largo, la tierra no se anuncia. La tierra trabaja debajo de la superficie, preparando lo que debe brotar. El cambio que estaba experimentado ya había comenzado antes de que pudiera tomar forma en el lenguaje.


Y en la vida llegan momentos en que el silencio pesa más que la verdad. Este poema, nacido de mi caminar con muchas mujeres en mi sentipensante, encontró su lugar en Awaken Your Roots , donde podía sostenerse sin disculpas.


Y hoy lo comparto aquí como un contrato sagrado — no como adorno para marcar una fecha en el calendario, sino como una llegada colectiva.



Despertando Matriarcas

 

Muchas fuerzas me aseguran

que estoy rota y dañada;

que soy tonta, deficiente,

desagradable, insignificante,

insegura, hiperemocional,

alguien demasiado inestable

para ser tomada en serio.

 

He sido acusada de pecadora,

una zorra que debe arrepentirse

para ser santa y pura.

Me han tachado de perra,

gata del infierno, bala perdida

y atrevida por defender mi verdad.

 

Mis errores han servido de excusa

para echarme maldiciones

que justificaran el trato

que aprendí a soportar.

 

¿Y me pides que me calle

ahora que me desperté?

¿Por qué crees que querría hacer eso?

 

Me tomó siglos romper el hechizo

en el que me pusieron

 

azotes en espaldas que ahora encarno,

gritos de úteros obligados a callar.

 

Las virtudes detrás de la fortaleza

que resistió perder integridad

es lo que me mueve ahora

que camino revivida.

 

Así que, por favor, que no te sorprenda

que mis acciones parezcan una rebelión,

cuando en realidad es la expresión tardía

de quienes estábamos destinadas a ser,

y alguien decidió, sin consultarnos,

conspirar para que lo olvidaramos.

 

Mi voz, mis acciones y mi existencia

no son un inconveniente.

 

No estoy aquí para satisfacer

tus necesidades humanas

y adornar tu trono cuando

haces mal uso del poder.

 

Estoy aquí para cumplir

un papel divino, dando a luz

a las próximas matriarcas

que pretendían silenciar.

 

Si esta reflexión resonó contigo, hay un círculo donde estas conversaciones continúan — con suavidad, con constancia, en comunidad. Eres bienvenida en The Garden.


Hasta que nos volvamos a ver, que tus vientos te lleven hacia donde necesites estar.


Tu amiga,

Lorena

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