El Que Te Diga Amiga No Es Casual
- lorenasaavedrasmith
- Jan 31
- 4 min read
Cuando recibir cariño no era seguro

Hay mujeres que se vuelven fuertes no porque quieran serlo, sino porque la fortaleza es lo que previene que su mundo interior y su mundo exterior se desmoronen.
Muchas aprendimos desde temprano a resistir. La ternura, la reciprocidad y que fuéramos plenamente vistas, escuchadas no siempre estuvo disponible. Así fue que, la resistencia se volvió la estrategia que aprendimos para sobrevivir y para cuidarnos a nosotras mismas y a quienes nos rodeaban.
Por eso, cuando te llamo Amiga desde el inicio mismo de nuestra relación, no es algo casual. Es filosófico. Viene de una manera de comprender el mundo en la que la relación no se gana con el tiempo, sino que se reconoce como un punto de partida, donde nombrar la cercanía es una responsabilidad y no un atajo.
Cuando la fortaleza se vuelve el lenguaje del cuidado
Tuve una Amiga que permaneció en silencio en el funeral de su madre. No lloró. Había aprendido a no hacerlo. El mensaje constante a su alrededor decía: tienes que cuidar a los demás.
Durante el funeral se movía por la sala ofreciendo café, acomodando sillas, sosteniendo emocionalmente a las personas y a la familia. Su duelo permanecía disciplinado, contenido, útil.
Después de anos, me compartió cómo ese momento le dejó una enseñanza profunda: que la suavidad emocional es riesgosa, que quebrarse carga a otros, que el amor exige temple.
Ella ni nadie en su entorno nombró esto como entrenamiento.Pero eso fue exactamente lo que fue.
Ese aprendizaje no terminó con ella. Se expandió hacia otras mujeres de su círculo íntimo, hacia hijas y amistades, creando ondas que se repiten. Este es solo un ejemplo de cómo muchas aprendemos a relacionarnos.
«La resistencia se volvió la estrategia que aprendimos para sobrevivir y para cuidar de nosotras mismas y de los demás.»
Los acuerdos que no sabíamos que habíamos hecho
Cuanto más estudio y recupero las enseñanzas y la filosofía Pacha, más claro me queda que nada existe en aislamiento. Y yo me relaciono con la vida de esta manera porque, en el pensamiento andino, la relación precede a la individualidad. Nacemos dentro del ciclo de interdependencia entre personas, el mundo natural, memoria y tiempo.
Cuando los micro y macrosistemas en lo que nos desenvolvemos son sacudidos, ya sea por migración, pérdida, duelo, violencia o escasez prolongada, la fortaleza suele convertirse en una forma de mantenerse enteros para enfrentar lo que venga. Esa fortaleza, sin duda, merece dignidad. Pero la resistencia sin reciprocidad puede fracturar la manera en que nos relacionamos.
Por eso me importa muchísimo llamarte Amiga. No porque ya nos conozcamos profundamente, sino porque la separación ya nos ha quitado demasiado. Nombrar la hermandad y la compañía desde temprano es mi forma de interrumpir un patrón que nos enseñó a esperar probar que somos dignos para que aceptemos el cariño de otros y lo sintamos seguro.
Biológicamente, nuestros sistemas nerviosos se moldean en la incertidumbre y a menudo aprenden a regularse a través del control. Emocionalmente, muchas mujeres aprenden a ser “la fuerte” para que otros en su entorno sobrevivan. Pero quiero recordarte, Amiga, que lo que una vez nos protegió, más adelante puede nos puede aislar.
«Lo que una vez nos protegió, más adelante nos puede aislar.»
Recordar cómo cuidarnos unas a otras
La ternura, el cariño y la dulzura no son la ausencia de límites. Por el contrario, se vuelven posibles porque los límites existen dentro de la relación. Así como las riberas dan forma al río para que el agua fluya sin destruir, los límites permiten que el cuidado circule sin agotarnos.
Llamarte Amiga es un acto de límite y de pertenencia. Es mi manera de reconocer que nos reencontramos por una razón que quizá aún no comprendo. Sin embargo, te recibo con cuidado y, al verme reflejada en ti, honro nuestra relación en curso.
Esto se siente especialmente importante ahora, porque vivimos en un tiempo que premia el aislamiento y el individualismo. El mensaje que escuchamos constantemente es: vive tu propio proceso, aprende a regularte emocionalmente en privado, tienes que ser fuerte siempre, como si la fortaleza fuera nuestra credencial hacia una feminidad exitosa.
Desde la mirada de las sabidurías ancestrales y de las formas del buen vivir, esto no es sostenible. Ninguna temporada de duelo, transición, tristeza, alegría o felicidad está destinada a vivirse en soledad. La vida se mueve en ciclos, y los ciclos necesitan testigos.
«La vida se mueve en ciclos, y los ciclos necesitan testigos.»
Si conocemos la alegría de la compañía es porque también conocemos el dolor de llorar a solas. Y por eso mismo conocemos la dignidad, la empatía y la plenitud. Estos estados conviven, no se ordenan jerárquicamente.
Cuando el mundo nos recuerda una y otra vez, a las mujeres, que relaciones entre nosotras se basan en el conflicto, en quién es esencial y quién no, elegir la conexión se vuelve un acto de memoria y de verdad.
Así que cuando te llamo Amiga, no estoy apresurando la cercanía. Sé que cada una tiene su propio ritmo para relacionarse con otras. Pero sí estoy haciendo mi parte para restaurar un hilo que se rompió.
La fortaleza no desaparece cuando la ternura, el cariño y la dulzura llegan primero. Si acaso, por fin encuentra un lugar donde descansar.
Y quizá esta estación no nos está pidiendo abandonar la fortaleza, sino invitarnos a quedarnos, con nosotras mismas y entre nosotras, el tiempo suficiente para que la suavidad, la ternura y la dulzura vuelvan a sentirse seguras.
Hay conversaciones que necesitan un ritmo más pausado y una habitación más silenciosa. Un lugar donde no tengamos que explicar por qué la suavidad alguna vez se sintió peligrosa, o por qué la resistencia se volvió una segunda naturaleza. Si tu cuerpo reconoce lo que aquí se está nombrando y desea seguir explorándolo en compañía, existe un espacio pequeño y sostenido (The Garden) donde este tipo de recuerdo ocurre despacio, juntas y sin presión.
Replántate y Recuerda.
Hasta nos volvamos a encontrar, que tus vientos te lleven adonde necesites estar.
Tu amiga,
Lorena








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